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Intersecciones en antropología - Jerarquías para el compromiso: Un análisis comparativo de dos ceremonias en escuelas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires

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Intersecciones en antropología

versión On-line ISSN 1850-373X

Intersecciones antropol. vol.13 no.1 Olavarría ene./jul. 2012

 

ARTÍCULO

Jerarquías para el compromiso. Un análisis comparativo de dos ceremonias en escuelas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires

 

Mariano Melotto

Mariano Melotto. Centro de Investigaciones Etnográficas. Escuela de Humanidades, Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Av. 25 de Mayo y Francia, San Martín. E-mail: cietno@unsam.edu.ar

Recibido 7 de octubre 2010
Aceptado 1 de agosto 2011

 


RESUMEN

Este trabajo presenta los resultados de un análisis comparativo entre los registros de campo de dos ceremonias observadas en escuelas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante el ciclo lectivo 2008-2009. Siguiendo la propuesta comparativa de Frederik Barth, la construcción de dimensiones de variación pertinentes para los casos propuestos y la correlación de éstas permiten evidenciar dinámicas institucionales ejecutadas para la construcción de los sujetos policiales, tanto como la disputa entre los agentes por imponer determinada subjetividad policial. Se alcanza así a comprender a estas escuelas en su complejidad, como espacios surcados por conflictos y divisiones, sobre el fondo de una matriz común que se esgrime como valor cuando las circunstancias lo demandan.

Palabras clave: Comparación antropológica; Ritual; Formación policial básica; Subjetividad policial.

ABSTRACT

Hierarchies for the commitment. A comparative analysis of two ceremonies in schools of the Police of the Province of Buenos Aires.This work presents the results of a comparative analysis between two field records of two ceremonies observed in Schools of the Police of the province of Buenos Aires during the school cycle 2008-2009. Following the comparative offer of Fredrik Barth, the construction of pertinent dimensions of variation for the proposed cases and the correlation of the same ones, they allow to demonstrate institutional dynamics executed for the construction of the police subjects so much as the dispute among the agents for imposing certain police subjectivity. Reached to understand to these schools, in its complexity, as spaces crossed by conflicts and divisions, on the base of a common matrix that is used as value when the circumstances require it.

Keywords: Anthropologic comparison; Ritual; Police basic formation; Police subjectivity.


 

INTRODUCCIÓN

El siguiente trabajo presenta los resultados de un análisis comparativo de dos registros de campo de rituales/ceremonias en escuelas de policía de la provincia de Buenos Aires (en adelante, PPBA) durante el ciclo lectivo del ano 2009/2010. Una de ellas corresponde a la ceremonia de jura a la bandera durante la cual los aspirantes se convierten en cadetes; la otra corresponde a un "acto" realizado con motivo de condecorar a 12 cadetes distinguidos por sus promedios y buena conducta y designar a los tres cadetes condecorados por los mejores promedios como abanderados y escoltas de dicha escuela. El objetivo que perseguimos con este análisis es vislumbrar la heterogeneidad de significados, valores y prácticas que se ponen en juego durante la formación básica de los agentes de la PPBA. Asimismo, se intenta mostrar la multiplicidad de dimensiones que se manifiestan en estas performances con el fin de iluminar la complejidad que constituyen estos universos sociales. Para nuestra comparación seguiremos los lineamientos de F. Barth (Barth 2000). Según este autor, el valor de este análisis radica en la posibilidad de buscar la diversidad de un fenómeno estudiado. Barth describe su propia experiencia al aplicar este método al estudio de los significados del ritual para los baktaman al afirmar que:

En primer lugar, sirvió para informar y agudizar mi descripción y análisis de las formas que pude observar y documentar más detalladamente entre los baktaman en 1968. En segundo lugar, me sirvió para obtener pistas y propiciar intuiciones sobre cuáles eran las características más importantes y fundamentales de esas formas entre ellos, y cuáles eran apenas características triviales e insignificantes, asociadas a un evento fortuito o a un momento en el flujo de las variaciones libres (Barth 2000: 193).

La comparación permite, de acuerdo con este autor, enriquecer los datos de nuestras descripciones, al tiempo que nos vuelve más sensibles ante ellos. ?Cómo proceder cuando decidimos comparar resultados de distintas experiencias y registros etnográficos? Siguiendo los desarrollos comparativos de Barth, debemos tener en cuenta que lo que comparamos son descripciones resultantes de nuestra experiencia de convivir con y en un determinado grupo o institución, es decir, comparamos registros de nuestros trabajos de campo. Así, el procedimiento comparativo consiste en construir un conjunto de dimensiones de variación que facilite la descripción de cualquier forma observada. Esto nos permite realizar descripciones en términos de dichas variaciones, lo que abriría, a su vez, la posibilidad del análisis de cómo determinadas características pueden estar correlacionadas o interconectadas. Teniendo en cuenta estos lineamientos, realizamos un análisis comparativo de descripciones de dos ceremonias llevadas a cabo en escuelas de PPBA. Ambas se encuadran en la misma institución y período lectivo (2009/2010), lo que facilita la comparación, ya que comparten el contexto político-institucional. En nuestro país, desde la vuelta de la democracia1, y más concretamente desde la segunda mitad de la década del noventa2, la Policía de la Provincia de Buenos Aires ha estado en tela de juicio desde distintos sectores, tales como los medios masivos, funcionarios gubernamentales y el ámbito académico, debido, principalmente, a casos de corrupción y uso indebido de la fuerza. Esto ha mermado la legitimidad social de la institución policial, lo que, a su vez, impulsó dos reformas en la PPBA. La primera reforma se efectúa en el ano 1997, y fue conocida como "Intervención Civil de la Policía Bonaerense"; la segunda, denominada "Plan de Reformas de las Policías de la Provincia de Buenos Aires", se ejecutó en el ano 20043. Con respecto a la formación policial, los principales cambios que tuvieron lugar en la institución fueron: la creación de la Subsecretaría de Formación y Capacitación dependiente del Ministerio de Seguridad, con dos objetivos principales: profesionalizar al personal policial y descentralizar la educación y formación policial. Se fundaron nuevas escuelas de formación inicial. De acuerdo con el discurso institucional, se buscaba generar una descentralización de la formación y educación policial, establecer igualdad de oportunidades, aumentar el reclutamiento del personal, generar una visión más amplia -no sólo policial- del problema de la seguridad, profesionalizar a los agentes policiales por medio de la especialización en las diferentes áreas y tareas, entre otras cuestiones4. Desde el cambio de gestión en 2008, con el gobernador Daniel Scioli y el cargo de ministro de Seguridad ocupado por Carlos Stornelli, la doctrina de la reforma ha sido revisada. Uno de los cambios más significativos se ha llevado a cabo en la organización del escalafón: se han vuelto a reestructurar las jerarquías de la PPBA en un escalafón con distintos subescalafones5. En esta reestructura, el subescalafón comando vendría a ser homólogo al viejo escalafón de oficiales. En las escuelas, esta contrarreforma repercutió de diferentes maneras: en el régimen de convivencia se ajustaron ciertas pautas de conducta tendientes a reforzar la subordinación y el "orden cerrado". Por ejemplo, se reestableció el desplazamiento en formación de los cadetes en sus tránsitos dentro de la escuela, se insistió sobre una mayor formalidad y ritualización en la forma de dirigirse a las autoridades; en fin, se buscó remarcar las diferencias jerárquicas. Por otra parte, se estableció un sistema de promoción por medio del cual el 25% de los mejores promedios tendría acceso a realizar el curso de oficiales subayudantes; de esta manera comenzaría su carrera en el subescalafón comando. Describir brevemente las reformas y contrarreformas que se han sucedido en los últimos anos en la PPBA refleja un contexto institucional surcado por la intervención de los gobiernos civiles en las fuerzas de seguridad. Abona, además, a la comprensión de las peformances consideradas en este trabajo, al tiempo que nos permite dar cuenta del carácter conflictivo, dinámico y complejo de estos universos.

Breve debate ético y metodológico

El registro de los datos presentes en este trabajo fue posible gracias a mi labor como docente de una escuela de formación básica policial de la PPBA en la materia Cultura y Sociedad entre los anos 2007 a 2010. Esto amerita aclaraciones acerca de dos cuestiones principales: una, metodológica, referida a mi rol de investigador en un caso de participación plena y la consiguiente posibilidad de extranamiento. Otra, ética, centrada en la ausencia de consentimiento informado, la privacidad de la información y las posibles consecuencias perjudiciales para los actores por la publicación del trabajo. Al iniciar la recolección de los datos yo ya era un miembro de esta institución. ?Cómo me pensaba en la escuela? Durante los anos en que di clases, nunca me consideré parte de la policía, pero sí de la escuela. Mi pertenencia al mundo de las ciencias sociales imponía el imperativo de no reconocerme con una otredad que resultaba, desde mis anteojos disciplinarios, conservadora, autoritaria y represiva. ?Qué lugar considero que ocupaba yo para ellos? Tanto con los alumnos como con companeros de trabajo policías era claro que mi relación no se ajustaba a los condicionamientos de las jerarquías y valores policiales, que ellos sí debían respetar. Para ellos yo era un "civil" companero de trabajo; con uno o dos pude establecer una relación de respetuosa amistad. La relación que se estableció con los cadetes fue la de docente-alumnos. En las clases, los cadetes hablaban sobre temas que muchas veces no se animaban a tocar frente a superiores o personal policial. Así, yo no resultaba para ellos una amenaza de sanción, al menos una vez que se instalaba la confianza. La reflexividad fue un ejercicio que me ayudó a mantener mi doble rol: el explícito como docente y el confidencial como investigador. Vale aclarar que, aunque frecuenté la institución durante tres anos, mis adscripciones previas6 jugaron un papel importante en no considerar nunca de manera acabada dicho espacio como familiar. Respecto de la cuestión de la investigación encubierta, consideramos que, aunque siempre es preferible un consentimiento pleno, no siempre es posible. Con esto no afirmamos que el fin justifique los medios, sino que la decisión de publicar este trabajo se basa en la evaluación de dos consideraciones. En primer lugar, que la información que aquí se expone no es de carácter privado ni confidencial, de hecho, a las ceremonias policiales concurre no sólo público "civil" que registra todo con sus cámaras, sino que además se invita a los medios masivos de comunicación, ya sean institucionales o no. En segundo lugar, y quizá lo más relevante, es que consideramos que dicha publicación carece de consecuencias perjudiciales para los actores involucrados. Por último, vale aclarar que, además del trabajo de campo etnográfico por medio del cual se obtuvo la mayor parte de los datos que aquí se presentan, se aplicó un cuestionario (en forma anónima y voluntaria) a 32 cadetes para que respondieran por escrito sobre distintos aspectos de la jura a la bandera. Se realizaron cinco preguntas estándar acerca de la ceremonia y del significado de convertirse en cadetes. Las preguntas no Airesexigían una sola respuesta, no tenían límite prefijado ni categorías previas, por esto no consideramos que reflejen algún dato estadístico, lo que intentamos es averiguar qué representaciones (significados, emociones, valores, sensaciones) aparecen de manera recurrente acerca de la ceremonia de jura y sobre ser cadetes.

ENTRE ASPIRANTES, CADETES Y DISTINGUIDOS De aspirantes a cadetes

El curso de formación policial básico7 comenzó en el ano 2009, a mediados del mes de abril, y las clases, a principios del mes siguiente. Durante las dos primeras semanas, los aspirantes se someten a las denominadas "semanas de adaptación", momento en el cual se los instruye sobre cómo conducirse en el régimen de semiinternado, qué cosas están permitidas y cuáles no, la manera en que deben comportarse en los diferentes momentos y espacios, así como también las formas institucionalmente correctas de conducirse en la interacción con los superiores. El viernes 16 de junio del ano 2009 se celebró la ceremonia de jura de la bandera nacional por parte de aspirantes a cadetes de distintos institutos de formación de la PPBA. Este suceso sería acompanado por el "acto" de prometer a la bandera por parte de alumnos de cuarto grado de escuelas públicas de Berazategui. La jura coincidió con los festejos por el Día de la Bandera, ya que el 20 de junio (fecha patria de dicha efemérides nacional) fue sábado. Este tipo de ceremonias se practica varios días antes por cadetes y tutores, utilizando para esto horarios que normalmente se vuelcan a otras actividades. El "acto" se realizó en el patio de armas de la Escuela Juan Vucetich, y en él participaron aspirantes de diferentes escuelas (Vucetich, Investigaciones y Rosendo Matías). Este lugar es, además, donde se realizan los actos de egreso de los cadetes de todas las escuelas juntas al finalizar cada ciclo lectivo. En la escuela Vucetich reside, además, la máxima autoridad policial escolar (el superintendente). En el patio de armas se eleva un palco techado con butacas, que es ocupado por distintas autoridades en los diferentes eventos y conmemoraciones. Este palco mira hacia el patio de armas. Las distintas celebraciones se organizan espacialmente a partir del palco como lugar principal; como ya dijimos, allí se ubican las autoridades, y aquí las jerarquías y el respeto por ellas son considerados valores legítimos e incuestionables. En dicho acontecimiento era posible distinguir diferentes grupos distribuidos estratégicamente en el espacio. En el palco se encontraban autoridades policiales, como el superintendente de formación básica policial; allí mismo estaban, además, autoridades educativas de escuelas primarias de Berazategui y el intendente de dicho municipio. A la derecha del palco, mirando a la plaza de armas, se había dispuesto un conjunto de sillas para los docentes. Participaban también los familiares de los ninos de cuarto grado y de los aspirantes que realizarían la jura; estos se encontraban parados a la derecha de los profesores. Los policías presentes vestían uniformes de gala. En el patio de armas, los protagonistas se hallaban dispuestos de la siguiente manera: primero (los más cercanos al palco y enfrentados a él) se encontraban, vistiendo de gala, oficiales de policía abanderados y escoltas; estos eran tutores de distintas escuelas, los escoltas portaban fusiles. En la misma línea, y a ambos costados de este grupo, se ordenaban los alumnos abanderados y escoltas de cuarto grado. Detrás de esta primera línea se disponían, en filas, e integrando todos juntos una formación rectangular, los aspirantes. Esta formación sostenía, en el centro y al frente, una gran bandera argentina sin mástil (como las que se usan en la cancha). El Himno Nacional Argentino -gritado más que cantado por los aspirantes, sobre todo en las estrofas de "!o juremos con gloria morir!"- daba inicio a la ceremonia. Luego se hizo un minuto de silencio por los caídos en cumplimiento del deber, que fue acompanado con la característica música de trompetas; durante este momento, todos los policías y aspirantes realizaban la venia mirando al cielo. El "acto" era relatado por dos locutores. Estas voces se intercalaban ordenadamente con las de quienes desplegaban discursos preparados para la ocasión. Al finalizar el himno, uno de los locutores cedió la palabra al intendente de Berazategui, quien subrayó la importancia de que tanto funcionarios de su jerarquía como también las escuelas primarias se encontraran presentes en dicha ocasión: "Es para mí un honor estar presente [.] en este lugar y en este momento [.] es muy importante que estén los alumnos de las escuelas, es muy importante que nosotros demos la solidaridad que la fuerza policial se merece y que también estemos pegados a los que hoy prestan juramento, que van a ser los futuros hombres y mujeres que van a cuidar nuestra seguridad." A continuación se llevó a cabo, por parte de la Dirección de Caballería de la PPBA, una recreación del juramento que realizara Manuel Belgrano en 1812 a orillas del río Paraná. Esta representación se realizó frente al palco, donde nueve jinetes con uniformes de época (uno de ellos representaba a Manuel Belgrano; los otros, a sus soldados) desfilaban mientras los locutores relataban hechos históricos relacionados con la creación de la bandera8. En un momento, el locutor comenta un pasaje sobre el instante de la jura originaria a la bandera, reproduciendo las supuestas palabras del prócer: "!Viva la patria!", ante lo cual los aspirantes (imitando a los soldados de aquel acontecimiento histórico) respondieron al grito de "!Viva!". Inmediatamente, el jinete que representa a Belgrano hace que su caballo se pare en dos patas, luego se retiran. Vale destacar que el texto elegido y repetido durante la ceremonia hace mucho hincapié en los conflictos que dicho acontecimiento histórico significó para el prócer con el gobierno (Primer Triunvirato) de aquellos tiempos considerados históricos y fundacionales de la Argentina. Seguido a esto, se realizó el juramento a la bandera por parte de los 1700 cadetes. Fue el superintendente de formación policial, la máxima autoridad policial de las escuelas, quien tomó dicho juramento. Copio un fragmento de las notas de campo:

Voz del jefe de línea9: Agrupación 20 de Junio !firr. més! !Al hombro. ó! - Siempre que la voz de mando pronuncia estas directivas los aspirantes y los oficiales abanderados cambian su pose corporal. Estos movimientos son rápidos y dan la sensación de un cuerpo digital que se activa y desactiva realizando movimientos veloces que mueren instantáneamente en una quietud rígida, planificada en sus mínimos detalles. Superintendente: cadetes de la Escuela de Policías [.] que a partir de hoy, día de juramento a la bandera, dejarán de ser aspirantes y el trato para con todos ustedes será de cadetes. [.] Cadetes, ?juran a la patria seguir constantemente su bandera y defenderla hasta perder la vida? Todos los cadetes, al unísono y gritando: !Sí juro!

Este momento representa el clímax de la ceremonia, ya que es el acto por medio del cual el grupo institucional ejecuta aquello que considera como su fin explícito y consciente, esto es: investir a los nuevos cadetes como tales. Luego tomó la palabra una autoridad escolar de Berazategui, quien interpeló a los alumnos de cuarto grado a prometer a la bandera, a lo que los alumnos respondieron al unísono y gritando: "!Sí, prometo!". En ese momento, la banda musical comenzó a ejecutar el Himno a la Bandera, los oficiales abanderados y escoltas empezaron a marchar desfilando frente al palco. Los alumnos abanderados de cuarto grado los imitaban. Los cadetes comenzaron a marchar, desfilando lentamente hacia el palco hasta quedar enfrentados a él. Por último, el superintendente dirigió unas palabras a los cadetes, en las que subrayó la responsabilidad y los compromisos reales asumidos por medio de aquel acto de jura. Luego se anunció el final del acto. La investidura como cadetes implica cambios respecto de los policías en formación. Por un lado, en la vestimenta: boina color negro con el escudo de la escuela, charreteras con dos iniciales E. P. (Escuela de Policía), cartelitos con nombre y número de legajo (el mismo que tendrán una vez que sean policías) a la altura del pecho del lado derecho; del lado izquierdo, ubicado a la misma altura que el anterior, el escudo. Por otra parte, se les exige con mucha mayor insistencia ?lo cual suele ser motivo de sanciones? que pidan parte correctamente al dirigirse a un superior; esto implica que para hablar con uno de ellos deben presentarse de manera ritualizada, dando a conocer su nombre y número de legajo. El ajuste al cumplimiento de dichas formas no es absoluto, ya que lo anterior se combina con la informalidad que da la convivencia con algunos superiores y con la mayor o menor confianza que cada cadete logra establecer con sus superiores. Una vez que tienen legajo, comienzan a cobrar la beca de estudios por cada mes que dura la formación. Sobre la jura a la bandera, casi la totalidad de los cadetes consideraron la ceremonia y la investidura que ésta impone como una experiencia, como un momento que marca un antes y un después. Afirman haber vivenciado el acto llenos de "emociones mezcladas", "nervios", "alegría", "orgullo", "tristeza" o "miedo" (a la muerte). Estas emociones, nos contaron, se traducían en sensaciones corporales como escalofríos que recorrían su cuerpo: "se te pone la piel de gallina", "te dan ganas de llorar". El momento del canto del himno nacional, el minuto de silencio por los caídos en cumplimiento del deber y el instante de la jura (el grito de "!Sí, juro!") son subrayados como los más emotivos por nuestros nativos. Muchos de los significados y valores propuestos en forma explícita en los discursos de las autoridades aparecen reiteradamente en las palabras de los cadetes. La idea de haber contraído una importante responsabilidad o compromiso permanente es un lugar común que ellos esgrimen en forma habitual. Respecto de ser cadetes, es recurrente la idea de que se ha dado un importante paso en la carrera de policía, en comparación con ser "simples" aspirantes. Este tipo de afirmaciones suelen estar acompanadas con frases comunes del tipo "ahora sos alguien", o bien, "te sentís más importante". Así, la jura es interpretada, desde la perspectiva nativa, como una primera jerarquización dentro de la carrera policial. Muchos consideran que, a partir del nombramiento, son "más valorados" en la escuela y que, además, esta investidura implica un "reconocimiento" institucional, ser cadete inspira mayor respeto que ser aspirante. Por último diremos que varios cadetes afirman experimentar una sensación de mayor pertenencia a la institución: "ahora es como que pertenecés".

Los doce distinguidos, ?legítimos?

El jueves 18 de 2010 se realizó, en una Escuela de la PPBA, el "acto" de entrega de jerarquías a cadetes distinguidos (por promedios y conducta) y el cambio de abanderado y escoltas de la escuela (que pasó de tutores de la escuela a los tres cadetes mejor distinguidos). Una calle separa el patio de armas de los edificios escolares. Dicha calle pasó a formar el escenario donde se realizó la entrega de distinciones. Al mismo tiempo, dividía a los oficiales abanderados (tutores), cadetes y banda musical (dispuestos en el patio de armas) de las autoridades de la escuela, docentes y familiares de los distinguidos, para quienes se había preparado un conjunto de sillas. Las cinco primeras, que miraban paralelas entre sí al patio de armas, eran de madera, trabajadas en relieve con pomposos motivos, pano rojo en el asiento, con respaldos más altos y más elegantes que el resto. En ellas se ubicarían las máximas autoridades de la reunión (superintendente, directores, subdirectores), formando un grupo aparte y selecto. Cruzando la calle, en el patio de armas y frente a este grupo, se hallaban dispuestas 12 sillas de plástico blancas reservadas para los distinguidos, formando tres hileras paralelas de cuatro sillas cada una. En la primera silla de la hilera del centro se sentaba la cadete distinguida con la mayor jerarquía -cadete sargento ayudante?; a sus lados se sentaron los cadetes distinguidos con la jerarquía de sargento primero; y detrás, en el resto de las sillas, aquellos distinguidos como cadetes cabos. Era posible diferenciar distintos grupos: el mayor número correspondía a los cadetes (alrededor de 300), los familiares de los 12 distinguidos, las autoridades escolares y empleados de la escuela (profesores, tutores y jefes de cuerpo). Entre los cadetes, el grueso se encontraba vestido con la ropa de fajina que usan cotidianamente. Los 12 distinguidos llevaban puestos zapatos negros, pantalón azul oscuro los hombres y pollera debajo de la rodilla del mismo color las mujeres, camisa blanca y gorro de gala policial. La abanderada y los escoltas (tutores) vestían de gala. Las máximas autoridades vestían uniforme de gala con todo tipo de insignias que denotaban sus jerarquías. Los docentes y familiares de los distinguidos vestían "de civil", unos más elegantes que otros, pero era claro que los padres de estos cadetes se habían arreglado para la ocasión. La banda musical, abanderados, distinguidos y el resto de los cadetes formaban una columna que avanzó desfilando y se dispuso en la plaza de armas en cuatro grupos. Los 12 distinguidos ocuparon las sillas de plástico del patio de armas. El resto de la columna se dividió en tres secciones en formación que los rodeaban, mirándolos. Así, los distinguidos eran mirados por todos, mientras ellos miraban al grupo de máximas autoridades, detrás de quienes estaba el resto del público. Al poco tiempo se anunció la entrada del superintendente de formación policial, la máxima autoridad presente en el lugar. Ante cada anuncio del locutor, el jefe de línea indicaba órdenes a los cadetes, quienes respondían tomando diferentes posturas corporales; los movimientos son rápidos, rígidos, y se realizan de manera sincronizada por todo el grupo de cadetes. Una vez que las autoridades llegaron a su ubicación, antes de tomar asiento, el superintendente saludó a los cadetes, quienes respondieron al unísono y gritando: "!Buenas tardes senor!". El jefe de línea dio la orden de descanso. Inmediatamente se anuncia la ejecución del himno nacional, los cadetes adquieren la posición de firmes con "saludo uno". Todos los policías presentes hacen lo mismo. Los "civiles" se pararon a cantar el himno. Los cadetes cantan el himno gritándolo. A quienes no somos policías nos resulta un estilo eufórico en comparación a cómo se lo entona en otros contextos. Luego se realizó el toque de silencio en homenaje los caídos en servicio. Ante la directiva, los cadetes vuelven a tomar la posición "firmes" mirando al cielo. Al finalizar, el locutor procede a leer la orden de la superintendencia de formación básica sobre la realización de la ceremonia. Dicha orden destacaba ciertas cuestiones primordiales del acto que transcribimos a continuación:

Visto el informe producido con relación al grado de preparación evidenciado por los cadetes [.] resuelve el ministerio reconocer dichas actitudes premiando el correcto desempeno de sus mejores alumnos. [.] Históricamente la formación policial tuvo en la figura del suboficial cadete el reconocimiento que hoy se vuelve a implementar [.] la conformación de este plantel de cadetes pone en marcha una parte del sistema académico de formación entre pares, donde se construye el conocimiento a partir de la interacción de los mismos alumnos, algunos de los cuales poseen un rol diferenciado, conformando así mismo un plantel de colaboradores que secunden a los oficiales de nuestros institutos.

A continuación, tomó la palabra el superintendente de formación policial, quien destacó que por medio de dicho acto se volvía a implementar un sistema tradicional en las escuelas de policía, por el cual: "aquellos cadetes que se distingan por su promedio en el estudio, sus condiciones generales como policía dentro de este instituto, obtengan una insignia, una jerarquía que los identifica del resto". Subrayó que era primordial tener la custodia de la bandera nacional, con la responsabilidad que esto implicaba. Luego advirtió al resto de los cadetes que debían, a los distinguidos, el mismo trato y reconocimiento que a un superior. Elogió luego "el nuevo ordenamiento administrativo institucional", y remarcó que esa era la policía que querían instalar. Por último, recordó que todos los que entrasen en el 25% de los mejores promedios podrían acceder al curso para integrar el subescalafón comando que, como senalamos más arriba, es homólogo al viejo escalafón de oficiales. Luego se realizó la entrega de prensillas y diplomas a los 12 distinguidos. A medida que el locutor los iba nombrando, ellos se levantaban de la silla y en posición firme y gritaban "!Presente!". Marchaban entonces hasta la calle-escenario, donde los esperaban el superintendente (u otra autoridad de alta jerarquía) y un familiar cercano; una vez allí, realizaban la venia a la autoridad que les entregaba a continuación el certificado, luego el familiar le colocaba la prensilla en la camisa a la altura del pecho y se daban un abrazo afectuoso, pero no demasiado, ocultando en lo posible las emociones. Luego de la foto, la/el cadete volvía a realizar el "saludo uno" al superintendente y regresaba a su anterior lugar. Los 11 cadetes distinguidos restantes realizaron los mismos pasos de a uno por vez. Una vez entregadas las jerarquías se anunció que se realizaría el cambio de abanderados y escoltas. Este acto se llevó a cabo de manera muy ritualizada: formalidad en las acciones por medio de códigos restringidos de comportamiento, atención minuciosa al detalle, empleo de símbolos venerables, dimensión preformativa. De este momento participaron directamente el director de la escuela y el superintendente de formación policial; éste último fue quien, luego de una serie de interacciones con el director y los anteriores abanderados (que consistían en ir pasándose unos a otros la bandera de ceremonias), le entregó finalmente la bandera a la cadete distinguida con la mayor jerarquía. Realizado el cambio, la banda comenzó a tocar el himno a la bandera. Por fin, el locutor anunció el final del "acto": la banda comenzó a ejecutar la Marcha de San Lorenzo, los cadetes que se encontraban en formación comenzaron a retirarse del lugar, desfilando lentamente. Tal como fue afirmado por el superintendente en su alocución, todos los cadetes deben a los distinguidos el mismo trato que a un superior. De esta manera se marca una jerarquización en la homogeneidad que hasta entonces reinaba en la escuela. Ésta se expresa en las prensillas entregadas a los distinguidos y que vestirán en adelante todos los días, así como en el rol de abanderada y escoltas. También en algunas actividades que les asignaron como guías de las companías: a partir de ese momento serán quienes conduzcan a las formaciones de cadetes en la escuela; deberán tomar lista todas las mananas; controlar quiénes están para cuerpo médico y quiénes tienen permisos especiales. Integran, además, el 25% de mejores promedios, condición para realizar el curso para ingresar al subescalafón comando. Los cadetes distinguidos realizaron, la semana siguiente a la ceremonia, una serie de actividades complementarias y exclusivas. Casi cincuenta cadetes distinguidos de diferentes escuelas desarrollaron distintas tareas de formación. Dialogando con ellos pude saber que pasaron mucho tiempo con el Superintendente de Formación Básica, quien les impartió cursos de mando y conducción. También realizaron actividades con el Grupo Halcón, en las que los cadetes fueron sometidos a pruebas y actividades de resistencia física. Sobre estas actividades, dos cadetes me contaban que, si bien eran "agotadoras" y "sacrificadas", les generaba orgullo haberlas realizado. Visitaron, también, instituciones como el cuerpo de granaderos a caballo, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y el museo de la PPBA. Las dos cadetes distinguidas con quienes conversamos mostraron gran entusiasmo por contarme sobre esas actividades y manifestaban gran contento y orgullo por haber formado parte del selecto grupo. Si bien los cadetes distinguidos se sentían orgullosos de pertenecer a dicho grupo, podemos afirmar que no todos estaban conformes con la elección de los 12 (o, al menos, con la elección de algunos de ellos). Los cadetes me comentaban que ciertos distinguidos habían sido elegidos en parte "a dedo", por una especie de combinación entre tener buenos promedios y conducta, más ser "alcahuete" de los tutores y demás superiores. Este tipo de comportamiento, si bien parece otorgar ventajas a quienes lo llevan a cabo, por otra parte, les cuesta el desprecio y el rechazo explícito de muchos de sus companeros. Un cadete relató que, luego de la ceremonia, se le había "plantado" a uno de los distinguidos para achacarle que había logrado serlo por ser "chupamedias" de los superiores. Los cadetes usan un conjunto de motes peyorativos para referirse a quienes actúan de esta manera.

CONSTRUYENDO POLICÍAS, CREANDO ASPIRACIONES

En este apartado definimos y abordamos las dimensiones de variación que nos permiten la comparación y el análisis de cómo determinadas características pueden estar correlacionadas. Éstas se refieren a aquello que instituye cada ceremonia; modelos identitarios que reflejan, proyectos políticos que se disputan, valores y representaciones tradicionales que se dirimen en cada una.

Separar y distinguir

En primer término, ?cuáles son los objetivos institucionales explícitos de cada una de las ceremonias observadas? Los ritos de institución poseen eficacia simbólica: un poder mediante el cual generan efectos sobre lo real actuando sobre la representación de lo real, ya que la investidura (un galón, por ejemplo) transforma la representación propia y de los demás sobre aquel a quien honra, transformando a la vez los comportamientos a que se cree obligado el investido y también los actos de los demás hacia él. Bourdieu (1985) afirma que por esto pueden ser considerados como actos de magia social que producen discontinuidades en lo continuo. Este autor considera que la función del ritual sería naturalizar ?consagrando y legitimando? límites sociales arbitrarios. La función efectiva de este tipo de ritos -posible gracias a la legitimidad social, a la creencia de todo un grupo? sería instituir una diferencia constante entre quienes socialmente tienen acceso al rito y quienes no, por esto considera llamarlos ritos de institución. Bourdieu (1985) también rescata la capacidad de estos ritos de presentar un sentido, una razón de ser, a quienes participan en ellos. En la jura a la bandera, los institutos de formación básica de la PPBA abren sus puertas a otras instituciones y grupos: representantes de la política local como el intendente de Berazategui, escuelas primarias del mismo municipio, familias de los cadetes y de los alumnos de las escuelas primarias. La institución policial se presenta aquí como grupo jerarquizado que forma parte de la sociedad argentina (pensemos en la fecha elegida), pero al mismo tiempo se presenta como un grupo diferente de la sociedad "civil". Siguiendo a Sirimarco (2009), coincidimos en que dentro del ámbito policial, ser "civil" envuelve a todo aquel que no pertenece a una fuerza de seguridad, lo cual se debe entender como una barrera discursiva, "[un] colectivo que se alude cuando el resorte del discurso institucional así lo requiere. [.] la sociedad civil parece adquirir la carga peyorativa que adquiere cuando se esgrime como categoría profesional, para definir lo que ellos no son, y no ya cuando alude, por ejemplo, al ámbito de las relaciones personales (familiares y amigos)" (Sirimarco 2009: 22). La percepción que los policías tienen de esos "otros", la sociedad civil, es la de un conglomerado caótico y desordenado, y, a su vez, ajenos y lejanos (Sirimarco 2004). Esta diferenciación es instalada mediante el sacrificio simbólico que la jura establece (defender la bandera hasta perder la vida) y con la referencia al sacrificio concreto que varios policías han realizado (minuto de silencio a los caídos), sacrificio que no involucra a "otros" no policiales. Coincidimos con Bourdieu (1985) en que lo realmente importante en este tipo de rituales no es el pasaje en sí mismo, sino más bien aquello que separan: a los aptos para entrar en la nueva categoría social de quienes no lo son, "hay un conjunto escondido con relación al cual se define el grupo instituido. [.] el rito consagra la diferencia, la instituye [.]" (Bourdieu 1985: 79, destacado en el original). De esta manera, la ceremonia que los cadetes comparten con grupos no policiales funda una separación con ellos al interior del "nosotros" más abarcador constituido por "los argentinos". Al mismo tiempo, compromete una mayor inserción de los cadetes en la institución policial: han dejado de ser "simples" aspirantes, tienen ahora un nombre y un número de legajo que deben llevar permanentemente en el uniforme. Por su parte, la entrega de jerarquías a los 12 distinguidos establece relaciones en el interior de la institución policial. Todos los presentes, salvo los familiares de los distinguidos, eran miembros de la PPBA o docentes "civiles" de la escuela. Aquí ya no se trata de separar a los cadetes de la "sociedad civil", sino de jerarquizar a quienes se destacaron durante el curso. En este caso también existe un grupo en relación con el cual definir a los instituidos; los cadetes ya no son todos iguales, y esta distinción es establecida mediante la ceremonia y las prensillas que deberán usar hasta el final del curso. La asignación de cadetes abanderados y escoltas instituye, además, una segunda distinción entre los ya distinguidos. Nuevamente se intenta naturalizar diferencias sociales, fundando así oposiciones y jerarquías cosmológicas compartidas por el grupo. Pero vemos que, al contrario de lo que sucede con la jura a la bandera (considerada legítima por la casi totalidad de los participantes), son los mismos cadetes quienes ponen de manifiesto los resquemores y recelos que la separación jerárquica implica en este caso, ya que, según algunos, otros no merecerían tal distinción y sólo la han obtenido por ser más fieles a los superiores que a sus companeros; es decir, esta situación de primus inter pares no resulta del todo legítima para los protagonistas. Desde las miradas nativas, el conflicto vendría motivado, además, por las diferentes valoraciones sobre qué es ser un buen policía (excelencia académica; fuerza física; guapeza; "patear la calle"; etc.), conflicto existente entre los miembros de la institución más allá del ámbito de las escuelas. Independientemente de la opinión de los cadetes, lo que pretendemos subrayar es cierta resistencia dentro de los intersticios que constituyen el ejercicio del poder en las escuelas de la PPBA. Una ceremonia resulta, para los cadetes, más legítima que la otra. Así en el primer caso se realiza, en todos quienes reciben el nombramiento, una elevación del nivel de las aspiraciones objetivas que a su vez son reconocidas y asignadas como imperativos de manera colectiva (esto es, objetivamente). La ruptura de esa igualdad estructural en el segundo caso muestra las condiciones bajo las cuales se despliegan mecanismos de ejercer efectos políticamente eficaces, al menos, entre los cadetes. Pero, aunque parezca una paradoja, esta resistencia implica igualmente una aceptación y una asimilación de los marcos institucionales, ya que lo que se cuestiona no es la jerarquización en sí, sino sus depositarios. Resumiendo, mientras la primera ceremonia establece relaciones cordiales con el resto de la sociedad civil, uniendo a los cadetes como un todo frente a ella y, al mismo tiempo, dentro del "nosotros" inclusivo de "los argentinos"; la segunda ceremonia, por su parte, separa, al fundar relaciones conflictivas al interior de la institución policial, con lo cual los cadetes se presentan como un grupo heterogéneo y jerarquizado. Lo anterior se puede apreciar, además, tanto en los escenarios elegidos para cada ceremonia como en la correspondiente vestimenta y disposición de los cadetes en el espacio. De la ceremonia de jura participaron varias escuelas policiales juntas, pero ésta se llevó a cabo en el patio de armas de la escuela Juan Vucetich, la más representativa de todas. A su vez, los cadetes formaron un sólo grupo en el patio de armas, vistiendo todos los mismos uniformes de fajina. En cambio, la ceremonia de distinción se realizó una en cada escuela, y fue clara la diferenciación en la ubicación en el espacio, así como en la vestimenta de los investidos y del resto de los cadetes. Esta diferencia entre ambas ceremonias se ve reforzada por los momentos elegidos para cada una. La jura se realiza a pocos meses de iniciado el curso de cadetes, mientras que la ceremonia de distinción se efectúa a pocos meses de finalizar el ano lectivo. Esta diferencia temporal puede ser adjudicada a una lógica necesaria en el proyecto de formación: resulta prioritario constituir un "nosotros" profundo y duradero antes de poder generar fracciones dentro de él sin que éste sucumba ante la primer amenaza de las desavenencias que existen al interior de la fuerza. Podemos afirmar, entonces: en primer lugar, mientras que la ceremonia de jura pone en relación el ámbito policial con el "afuera", presentando a los cadetes como parte de los argentinos al tiempo que busca separarlos de la sociedad civil, el acto de los distinguidos establece relaciones al interior de la fuerza, al presentar a los distinguidos casi como parte del grupo de oficiales de policía.

"Nosotros policial". Modelos institucionales del cadete

Ahora bien, en inmediata relación con lo anterior, podemos preguntarnos ?cómo es esa identidad colectiva, ese "nosotros", reflejado en cada una de las ceremonias? Existe actualmente cierto acuerdo general (Badaró 2008; Jaume 2000; Peirano 2000; Schechner 2000) respecto de que los ritos o ceremonias pueden ser considerados como modelos para la reflexión y para clasificar y reclasificar el mundo, así como también pueden resultar estímulos para la acción y la transformación. Por medio de la exhibición que realizan, estimulan a la reflexión a quienes participan en ellos. Esta reflexión versa sobre distintos aspectos como los axiomas fundamentales de una cultura, su historia, sus identidades colectivas, sus deberes y sus derechos según el lugar que ocupan en la estructura social o institucional. Son estas exhibiciones y las reflexiones que ellas despiertan las que, a su vez, ayudan en la construcción de nuevas identidades así como también reafirman otras preexistentes; revalidan solidaridades, instalan desavenencias y divisiones entre facciones o crean otras nuevas; producen efectos de verdad y poder, al tiempo que apuntalan posiciones políticas. Considerando ambas descripciones, es la jura el momento en que sobresale la preocupación por construir un "nosotros" policial mucho más amplio, que incluye a todos quienes forman parte de la PPBA. Esto cobra mayor sentido si tenemos en cuenta lo dicho anteriormente acerca de que esta ceremonia busca introducir a los cadetes en la institución policial al tiempo que separarlos de la "sociedad civil". Entre las estrategias que se utilizan para realizar esta construcción identitaria resalta el hecho de consignar un origen y un pasado mítico, lejano y patriótico, heredado de los próceres "padres de la patria". De esta manera se recrea la jura de la bandera a orillas del Paraná del 27 de febrero de 1812 por parte de Manuel Belgrano y su batería Independencia, inmediatamente antes de que juren los nuevos cadetes. Por otra parte, la jura misma marca un deíctico identitario fundamental con el resto de la sociedad: son ellos quienes, a diferencia de todos los que no pertenecen a una fuerza de seguridad, se comprometen a morir por los ideales de la patria y es sobre este compromiso de sacrificarse ?y la responsabilidad que implica? que insiste con sus palabras finales el superintendente de formación básica policial. Esta entrega simbólica de la vida busca sellar un lazo de sumisión total de los nuevos cadetes con la institución policial. Por supuesto que el grado de compromiso real de cada agente es variable y ni los nuevos cadetes ni los viejos policías acatan como autómatas todo aquello que se les ordena. Pero lo que aquí nos interesa, y lo que este tipo de ceremonias refleja quizá mejor que otros ámbitos de la vida institucional de las escuelas de la PPBA, son los modelos, los marcos de referencia institucionales, el ideal del sujeto policial que se intenta forjar desde los sectores hegemónicos de la PPBA, independientemente de que lo logre o no. Así, este "nosotros" que se proyecta mediante la ceremonia presenta a los cadetes como un grupo homogéneo, ordenado, heroico, heredero de los próceres padres de la patria y abnegados hasta la muerte. En cambio, la ceremonia de los 12 distinguidos construye identidades individuales y jerarquizadas. Se destaca la excelencia académica de quienes son investidos. Contrariamente a la jura, aquí se individualiza a cada uno de los investidos; ya no son un colectivo homogéneo, "los cadetes", sino individuos con nombre y apellido que van siendo anunciados uno por uno, por el locutor, cada vez que son llamados a recibir sus homenajes. Así, el ritual actúa como modelo de las aspiraciones que se pretenden para todos los cadetes, distinguidos o no, al explicitar, el mismo superintendente, los beneficios a los que los distinguidos acceden (trato especial por parte de sus companeros, acceso al curso para integrar el subescalafón comando). Además, la jerarquía con la que se intenta investir a los 12 distinguidos queda de manifiesto ante las diferentes interacciones entre cadetes y autoridades que se dan en cada ceremonia. Mientras en la jura las máximas autoridades les hablan desde la distancia del palco a todo el conjunto de los cadetes por igual, en el caso de la segunda ceremonia las interacciones con los distinguidos son cercanas y personalizadas: son las máximas autoridades quienes entregan tanto los diplomas como la bandera a sus nuevos depositarios. Esta cercanía ceremonial refleja una cercanía dentro de la estructura jerárquica. Así, mientras en la ceremonia de jura la institución propone un modelo de cadete al que podríamos definir como un "nosotros" amplio, no jerarquizado, heroico, sacrificado y comprometido; el acto de distinción establece unos pocos "yo" jerarquizados, al destacar la excelencia académica y conducta de un pequeno grupo dentro del total.

Las ceremonias como reflejo de la coyuntura político-institucional

Las ceremonias conmemorativas pueden ser consideradas "como arenas políticas donde los diferentes grupos intervinientes pugnan por imponer sentidos al pasado en relación con sus proyectos de poder en el presente" (Jaume 2000: 67). Podemos preguntarnos, entonces, ?qué proyectos políticos reflejan las ceremonias que estamos comparando? Teniendo en cuenta lo que ya dijimos acerca de la pérdida de legitimidad social de la institución policial, resulta interesante la presencia y palabras del intendente de Berazategui, quien afirma que: ". es muy importante que nosotros demos la solidaridad que la fuerza policial se merece y que también estemos pegados a los que hoy prestan juramento, que van a ser los futuros hombres y mujeres que van a cuidar nuestra seguridad". Teniendo en cuenta su dimensión ideológico-política, la ceremonia permite desplegar estrategias con el propósito de producir efectos de verdad y poder, reafirmando la necesaria solidaridad que busca reconstruir legitimidad social en la institución. En el mismo sentido puede ser entendida la elección del texto narrado durante la representación del juramento originario de Belgrano. Dicho pasaje pone de manifiesto conflictos entre aquellos soldados y el gobierno de la época. Así, se construye la idea de que tanto en los tiempos histórico-míticos como en la actualidad, el conflicto era parte de las instituciones de seguridad. Se instala la reflexión de que muchos de los problemas que hoy enfrenta la PPBA serían similares a los que debieron afrontar aquellos héroes fundacionales de nuestra nación, principalmente en cuanto a cuestiones referentes a la independencia de la institución y su relación con los políticos y gobiernos de turno. Pensemos que uno de los objetivos de las reformas policiales fue construir un control no policial de la policía bonaerense y reducir su autonomía. Por otra parte, en la ceremonia de los distinguidos se mezclan valores que provienen tanto del contexto de la reforma policial ?como la búsqueda de la profesionalización de los policías, ya que se está premiando el buen desempeno en las materias del currículo? así como también del contexto de la contrarreforma, ya que se estimula el modelo de institución verticalista que antes se intentara reemplazar (en los cambios del 2004) por otro más horizontal y descentralizado. Esta vuelta a ciertos valores tradicionales de la policía se ve legitimada también en las palabras de la máxima autoridad policial presente, el superintendente de Formación Policial Básica, cuando afirma que: ". en este acto se está poniendo nuevamente en marcha un sistema que ha sido tradicional en las escuelas de policía, cual es el de aquellos cadetes que se distingan por su promedio en el estudio, sus condiciones generales como policía dentro de este instituto, obtengan una insignia, una jerarquía que los identifica del resto". De esta manera remite a un pasado tradicional común, perdido por algún tiempo y que se intenta recuperar desde el presente. De esta manera, los proyectos políticos que se instalan en este segundo caso están ligados a los cambios que ?desde finales de los noventa? se vienen produciendo respecto del modelo ideal de institución que se pretende lograr, modelo que suele cambiar junto con las gestiones de turno. Aquí lo que se discute es qué se debe ensenar en la formación básica policial, junto con qué es digno de ser recompensado y de qué manera. Más aún si tenemos en cuenta que, desde las primeras reformas hasta la actualidad, la estabilidad de dichos procesos de cambio es la excepción más que la norma10. En síntesis, mientras en la primera ceremonia se busca reafirmar la solidaridad de grupos no policiales y la filiación con los próceres de la patria con miras a construir legitimidad social; en la segunda se reflejan tensiones surgidas en las reformas y contrarreformas referentes a qué modelo de policía (verticalista, profesional, etc.) se busca transmitir en la formación policial.

Las ceremonias como reflejo de los valores tradicionales

Pasemos ahora a considerar algunos aspectos que se mantienen más o menos constantes en ambas ceremonias. En primer término, si prestamos atención a las ubicaciones y acciones de los diferentes grupos que intervienen en los actos, en ambos casos se estructuran a partir del mismo patrón. Respecto de las acciones, este esquema se podría definir sobre un eje que va de los espectadores "puros" (familiares y docentes) pasando por los espectadores-actores (autoridades como directores, superintendentes, intendente de Berazategui, familiares de cadetes en la segunda ceremonia), hasta los actores "puros" (cadetes, alumnos de escuelas primarias, tutores abanderados, jefe de línea, banda musical). Estos papeles se constituyen a partir de quiénes sean los que realicen las diferentes acciones programadas en el ritual ?jurar a la bandera, prometer la bandera, desfilar, emitir discursos, entregar prensillas, representar hechos históricos? o sólo limitarse a observar "desde afuera", y por la interacción o no interacción con los cadetes sujetos de cada ceremonia. Respecto de las ubicaciones de los diferentes grupos, ambas ceremonias se estructuran a partir del mismo patrón: primero, un espacio central formado por los cadetes que cumplen su papel para un grupo de observadores centrales, estos son las máximas autoridades, que están ubicadas en posiciones estratégicas y principales. Y segundo, un espacio periférico formado por aquellos que observan, toman fotos, cantan el himno, aplauden, etc. (principalmente familiares y docentes). Este esquema de posicionamientos se organiza entonces a partir de las interacciones y miradas. Más concretamente, de lo que todos los presentes deben mirar en cada momento del ritual, y de a quiénes deben mirar los cadetes durante todo el ritual. Las miradas centrales de ambas ceremonias se dan entre los cadetes y las autoridades. Así, tanto las acciones e interacciones como los posicionamientos de cada grupo ponen de manifiesto, además de la separación entre el mundo policial y el mundo civil que ya destacamos, la relevancia que la institución policial otorga a valores tradicionales como la autoridad y el respeto por la jerarquía. Otra similitud queda de manifiesto en los modos de utilizar el cuerpo por parte de los cadetes y personal policial en ambos casos. Cada movimiento es medido y practicado con anterioridad y nada es dejado al azar ni a la espontaneidad ni a la creatividad. Estos son, en contextos ceremoniales, cuerpos disciplinados y obedientes, actúan a partir de las órdenes del jefe de línea o de las palabras y mandatos de las autoridades. La obediencia y la disciplina son los valores acentuados que de esta manera se refuerzan permanentemente. Otro aspecto compartido es la centralidad otorgada a la bandera en ambas ceremonias. Consideramos que esto habilita a pensarla como símbolo dominante, como fuerza positiva que permite las respectivas separaciones que se producen en cada uno de los casos analizados. Siguiendo a Victor Turner podemos considerar que estos símbolos dominantes no sólo actuarían como un medio para cumplir con los propósitos del ritual, sino que también serían fines en sí mismos por el hecho de que se refieren a valores axiomáticos de toda la sociedad. Estos símbolos serían focos de interacción, "[cuando] la ocasión se consagra a la conmemoración y reanimación pública de normas y de valores en su abstracta pureza [.] Las energías brutas del conflicto se domestican al servicio del orden social" (Turner 1980: 42-43). Así, el espacio central otorgado a la bandera ?que representa al gran colectivo de la nación como valor axiomático? en ambos rituales justifica, legitima y logra tramitar tanto la separación entre los cadetes y la sociedad civil, en el primer caso, como la división de los distinguidos del resto de sus companeros, en el segundo. Y en ambos casos esto acontece mediante la capacidad de estos símbolos para yuxtaponer (gracias a sus propiedades) aquello que es orgánico, físico y emocional con la estructura social, normativa, y lo cognitivo. Ahora bien, retomando a Bourdieu (1985), no podemos dejar de destacar que la legitimidad de dichos valores axiomáticos encarnados por los símbolos dominantes descansa en el consensus omnium de los ritos de institución. Los actos de magia social que son los ritos de institución sólo tienen efectos siempre y cuando la institución y lo que esta instituye sean socialmente reconocidos, se funden en la creencia de todo un grupo (Bourdieu 1985).

ESCUELAS POLICIALES COMO UNIVERSOS COMPLEJOS

A continuación nos proponemos poner en relación las anteriores dimensiones de variación con el fin de propiciar intelecciones sobre características que consideramos fundamentales del funcionamiento de las escuelas de formación básica de la PPBA.

Subjetividades complejas

Si articulamos diferentes ejes destacados en apartados anteriores, como por ejemplo, los límites que ambas ceremonias instituyen, las identidades que se manifiestan en cada una, los valores y representaciones que comparten (importancia de las jerarquías y la autoridad, disciplina corporal y obediencia, la nación como valor axiomático), es posible iluminar la centralidad de estos espacios de formación en la constitución de la subjetividad policial. Es común escuchar a nuestros nativos decir que a "ser policía" se aprende en la calle o en la comisaría, afirmando de algún modo con esto que las ensenanzas de la escuela son ineficaces. Muy por el contrario, nuestro análisis expone aspectos que constituyen formas de ser, hacer y pensar que se continúan y existen fuera de los espacios de formación y que hacen viable el tránsito a los destinos de trabajo al tiempo que posibilita habitarlos. Por otra parte, poniendo en relación las dimensiones anteriores con los proyectos político-institucionales evidenciados en cada caso, es posible aprehender el carácter dinámico y complejo de las identidades policiales. Cada ceremonia instala los límites del "nosotros policial" de acuerdo con las circunstancias de la situación y sus proyectos de poder en el presente. Así, ese "nosotros" puede implicar grupos que tanto exceden a la policía (alumnos que se comprometen con la patria, soldados héroes de la patria, los argentinos) como la dividen (los cadetes, los distinguidos, los abanderados). Por esto consideramos que no es posible hablar de una identidad policial, sino de identidades policiales determinadas situacionalmente y en relación con "otros", tanto externos como internos a la institución.

Jerarquías entre los no jerarquizados

De acuerdo con lo que venimos presentando, la formación policial básica escapa a un aspecto fundamental de la etapa liminar de los ritos de pasaje, nos referimos a aquella "forma reconocible durante el período liminar, [.] el de la sociedad en cuanto comitatus, comunidad, o incluso comunión, sin estructurar o rudimentariamente estructurada, y relativamente indiferenciada, de individuos iguales que se someten a la autoridad genérica de los [.] que controlan el ritual" (Turner 1988: 103). Si consideramos a la formación policial básica en su totalidad, es decir, superando los límites del "adentro" y "afuera" que la institución establece, vemos que a lo largo del ano de formación aparecen diferentes etapas, algunas de las cuales vienen programadas desde la institución misma. Así, al inscribirse, los "civiles" pasan por una serie de pruebas eliminatorias que determinarán quiénes pueden ser aspirantes y quiénes no, incluyendo la semana de adaptación. Luego, aquellos que resistan los primeros meses como aspirantes llegarán a ser cadetes con mayores responsabilidades y con mayor reconocimiento por parte de los sí jerarquizados. Finalmente, los más destacados por sus promedios y conducta merecerán de sus companeros el mismo trato que estos deben a los sí jerarquizados. Y, al mismo tiempo, todos los que integren el 25% de los mejores promedios tendrán acceso a realizar el curso para formar el subescalafón comando. Según nuestros datos, esto puede apreciarse no sólo en los límites que cada ceremonia instituye, sino también en el uso de las vestimentas (prensillas, carteles con nombres y números de legajos, etc.), las distancias en la interacción con las autoridades, los sentidos que se busca imponer en cada ceremonia. Como ya dijimos, la policía considera a la jerarquía y la autoridad que la acompana como valores tradicionales, casi incuestionables. Es de esperar, entonces, que estos sean transmitidos durante el período de formación, intentando ser instituidos mediante las performances que las ceremonias despliegan. Independientemente de que estos valores puedan chocar con otros con los que coexisten (como "no ser buchón y alcahuete"), los rituales policiales imprimen en cada policía en formación la estimación por las jerarquías, ubicando a los cadetes en categorías -más cercanas o más lejanas en relación con los sí jerarquizados-, es decir, jerarquizándolos. Mediante estas afirmaciones, se intenta des-exotizar y contextualizar una institución y sus agentes (escuelas de la PPBA), ya que consideramos que operan bajo lógicas más o menos comunes a las compartidas por otras instituciones y sujetos de este tiempo y lugar. Es necesario desentranar lo particular de nuestro objeto de estudio, pero sin dejar de lado el juego común que posibilita la convivencia e interrelación de diferentes grupos contemporáneos y su inserción en la sociedad mayor de la que forman parte. Así, este trabajo se aparta de abordajes sobre la formación policial básica (Sirimarco 2004a, 2004b, 2009; Storani 2008) que articulan la propuesta turneriana como marco teórico que les permite analizar sus casos de estudio. Consideramos que los datos aquí expuestos permiten pensar que las escuelas de policías y los actores que las integran se asemejan más a otras instituciones de formación de las sociedades complejas que a los ritos de pasaje de las sociedades tribales. El mismo Turner afirma que:

Lo que parece haber sucedido es que, con la creciente especialización de la sociedad y la cultura, con la progresiva complejidad en la división social del trabajo, lo que en la sociedad tribal era esencialmente un conjunto de categorías transitorias "entre" estados definidos de cultura y sociedad ha acabado por convertirse en un estado institucionalizado. Pero permanecen indicios de la categoría de pasaje. La transición se ha convertido aquí en una condición permanente (Turner 1988: 113-114).

El modelo que Turner (1988) aplica a la sociedad ndembu está realizado con base en sociedades estructuradas a partir de lazos de parentescos (virilocalidad, matrilinealidad), y no, como aclara el mismo autor, sobre sociedades complejizadas por la progresiva división social del trabajo. Desatender esta advertencia no es menor, ya que hacerlo implica negarles a los actores la posibilidad de agencia, y de habitus: de saber, sin saber que lo saben, jugar un juego y realizar estrategias que consideran, basándose en sus experiencias previas, pertinentes. En este sentido, creemos que la aplicación dialéctica de un modelo como el bourdieano a nuestros datos permite comprender mejor cuestiones centrales a la formación policial, como es el hecho de que, con sólo un ano de pasaje por estas escuelas se incorpore un fuerte sentido corporativo de pertenencia a la institución, ya que ser policía es taría dentro de lo que para esos sectores constituye el universo de lo deseable y lo posible. Les presenta, independientemente de que la mayoría no lo concrete, la posibilidad de ascenso (en un sentido amplio, no sólo de las jerarquías policiales). Esa carrera empieza en las escuelas, de ahí que las jerarquías cobren gran relevancia para los cadetes.

Desarmando a las fuerzas

Consideramos central el hecho de que los distintos ejes comparados en nuestro análisis permiten observar la heterogeneidad existente dentro de las instituciones de formación básica de la PPBA, ya que las desarma como bloque homogéneo, sin fracturas. Al mismo tiempo, se ponen de manifiesto cuestiones que aparecen como particulares y recurrentes; sobre estas últimas hemos ya subrayado el uso del espacio, el uso del cuerpo y la centralidad de la bandera, que reflejan valores tradicionalmente esgrimidos como propios y deseables por la institución policial (respeto e importancia de la autoridad y jerarquía, patriotismo, disciplina y obediencia, entre otros). La heterogeneidad que hemos destacado parece surgir de la coyuntura del contexto más que de la tradición (o, mejor dicho, de valores que hoy son considerados tradicionales por esta fuerza). Así, mientras en la ceremonia de la jura vimos que se reflejan problemas referentes a la pérdida de legitimidad social de la PPBA, en la distinción de los cadetes aparecen cuestiones relacionadas con qué se debe premiar en la formación. De esta manera se generan modelos a seguir, aspiraciones y diferencias en el interior de los cadetes, cuestiones éstas que forman parte de lo que se discute desde las diferentes reformas y contrarreformas de la PPBA desde los anos noventa.

PALABRAS FINALES

Hemos intentado enriquecer las descripciones al contrastarlas entre sí. En concordancia con E. Leach, podemos afirmar que las comparaciones "pueden no probar nada, pero aportan lucidez" (Leach 1988: 171). En busca de dicha lucidez seguimos los postulados de F. Barth y construimos dimensiones de variación que nos permitieran encontrar la diversidad de un fenómeno estudiado dentro de un grupo que se concibe a sí mismo como una unidad política. Tomando las ceremonias oficiales de las instituciones de seguridad de forma aislada, es común que éstas se nos presenten más coherentes de lo que en realidad son, ya que todo suele estar exhaustivamente programado de antemano, pero resulta que son momentos dentro de un constante fluir de prácticas, representaciones, valoraciones, etc., de las que no están ausentes el conflicto, la negociación y la puja por imponer un determinado modelo de lo que significa ser policía. La comparación (entre distintas ceremonias, y entre las ceremonias y las interpretaciones nativas) nos permite considerar a estos espacios institucionales de manera más precisa, como espacios complejos en los cuales existen conflictos y fracturas internas sobre cómo formar cadetes, que coexisten con valores compartidos por todo el grupo, una matriz común. Y, de ser necesario, se apela a adscripciones mayores que buscan integrar a la institución con otros actores y grupos (otros funcionarios públicos, instituciones de formación, "civiles" en general), dentro del heterogéneo conglomerado de "los argentinos" o "la nación" que se pretende mostrar como un bloque uniforme en las ceremonias abordadas.

Agradecimientos

Agradezco los imprescindibles aportes de José Antonio Garriga Zucal, Marcio Mancini y Tomás Bover, quienes se tomaron el trabajo de leer el texto en diferentes etapas de producción y lo han enriquecido con sus acertadas observaciones y sugerencias. Aclaro, al mismo tiempo, que las debilidades que pueda presentar este trabajo sólo pueden ser las mías. Por último, querría agradecer al CONICET por el otorgamiento de una beca doctoral que hace posible el proyecto mayor de tesis dentro del cual se inscribe el presente trabajo.

NOTAS

1.- El Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) significó una pérdida de legitimidad de todas las fuerzas de seguridad nacionales por su participación en el terrorismo de Estado. Esto aún repercute en gran medida en la construcción de las representaciones sociales de las fuerzas de seguridad en nuestro país.

2.- Véase Ley provincial N° 13.188 de estado de emergencia de las policías de la provincia de Buenos aires, disponible en: http://www.gob.gba.gov.ar/dijl/DIJL_buscaid.php?var=1808

3. - Los objetivos principales de esta segunda reforma, según el discurso institucional, fueron: la supresión del modelo vertical y su reemplazo por otro horizontal y descentralizado, la creación de un único escalafón con nueve grados jerárquicos (se eliminó el escalafón de suboficiales), la sujeción de la actuación policial a las garantías constitucionales y catálogos de DDHH, garantizar la Intervención Popular en la Seguridad Pública, promover políticas de control hacia la policía claros y efectivos, entre otros.

4.- Véase: Dr. León Carlos Arslanián, Plan de Reforma de las Policías. Resultados de Gestión 2004-2007, Ministerio de Seguridad Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Documento disponible en: http://www.slideshare.net/silahian/reforma-policial

5.- Ley N° 13.982, disponible en: http://www.gob.gba.gov.ar/legislacion/legislacion/l-13982.html; documento disponible en la página web del Ministerio de Jefatura de Gabinete de Ministro de la provincia de Buenos Aires: http://www.gob.gba.gov.ar/dijl/DIJL_buscaid.php?var=53057

6.- Con respecto a dichas adscripciones, vale aclarar que durante el trabajo en la escuela, yo, además de ser licenciado en Antropología por la UNLP, hacía poco tiempo que había concluido una diplomatura en Antropología Social y Política en FLACSO y estaba iniciando un doctorado en la UBA.

7.- Las escuelas de formación básica de la PPBA dependían al ano 2009 de la Subsecretaría de Formación y Capacitación del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. En ese ano, los aspirantes debían contar con 18 anos al momento del ingreso y poseer el nivel secundario / polimodal completo. El régimen de convivencia es semiinternado: los cadetes ingresan los lunes a primera hora y se retiran los viernes por la tarde. Este régimen organiza espacialmente a los cadetes en companías, formadas por grupos de alumnos que comparten el mismo edificio para dormir y ducharse. Cada companía está a cargo de dos o tres oficiales de policía que actúan como tutores de ellas. Las companías se dividen por sexo: femeninas y masculinas. Las actividades curriculares se organizan a partir de comisiones mixtas conformadas por cadetes de diferentes companías, y se estructuran en materias de campo y de aula. Durante estos cinco días los cadetes conviven e interactúan con los tutores, con profesores de las diferentes materias (algunos son oficiales de policía y otros no), autoridades escolares (superintendente, directores y subdirectores, secretarios académicos), personal del gabinete socio-psicopedagógico y personal administrativo de las escuelas. Los tutores son los únicos que conviven las 24 horas del día con los cadetes. Al finalizar el ano de formación, el 25% de los mejores promedios de cada escuela tiene acceso a realizar el curso de oficial subayudante, comenzando así su carrera en el subescalafón Comando, el resto de los cadetes se incorporan a la fuerza dentro del subescalafón general.

8.- El relato que exponen los locutores es un fragmento de un texto disponible en: www.elhistoriador.com.ar titulado "La creación de la bandera".

9.- En las ceremonias policiales, un oficial cumple el rol de "jefe de línea"; es quien dirige, con su voz, a las formaciones sobre qué deben hacer en cada momento.

10.- Durante mayo del 2010 fueron unificados los Ministerios de Seguridad y de Justicia de la provincia, y se creó el Ministerio de Justicia y Seguridad (Ley N° 14.131 de reforma de ministerios). Ver boletín oficial de la Jefatura del Gabinete de Ministros, disponible en: http://www.gob.gba.gov.ar/dijl/DIJL_buscaid.php?var=61805

REFERENCIAS CITADAS

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